martes, 22 de diciembre de 2015

Cambios drásticos

He vivido esperando que me esperaras, esperando llegar a tiempo, esperando que no fuera demasiado tarde.

Pero todo ha cambiado.

Tú, que has marcado mi rumbo.
Tú, que eres el culpable de que este camino empezara.
Tú, que siempre has sido mi meta.

Pero todo ha cambiado.

Y así,
esquivando obstáculos,
dejándome la piel,
planeando esta ruta que sigo,
me he pasado las horas,
los días,
los meses.

Los años. Muchos años.
Sin esperar nada a cambio.

Pero tú también tienes tus metas,
tus objetivos, tus principios, tus finales,
tu camino.
Y el mío es invisible para ti, igual que yo.

Por eso todo ha cambiado.

No he podido hacer nada. Solo correr, correr, correr y correr para intentar alcanzarte, correr siguiendo ese rumbo que habría de llevarme hasta ti. Sin éxito.

Porque todo ha cambiado. Porque por mucho que hiperventile, sude, me destroce los pies o grite para intentar que me oigas, todo será en vano.

Tú avanzas más rápido. A pasos agigantados. Da la sensación de que estás a punto de echar a volar. La mitad de mi esfuerzo te basta para seguir adelante, sin darte cuenta de que, lo que a mí me parecen unos cuantos miles de kilómetros por detrás, hay alguien que grita con fuerza tu nombre, desesperadamente, intentando que te detengas, que esperes, que te des cuenta de que nada le merece la pena si no le acompañas tú hasta el final.

Todo ha cambiado y ahora jamás llegaré a alcanzarte. O tal vez sí, pero no a tiempo.


Así es la vida. Luchas por conseguir algo y, cuando crees que todo está a punto, que tu camino está preparado para ser recorrido, que tu meta va a ser alcanzada tarde o temprano...

Todo cambia. Y cambia para siempre. Porque la meta se desplaza y se descuadran los planes, se desfigura el camino, se emborronan las huellas.

Todo lo andado ya no importa. Todo cambia, y cambia para siempre. Y ni siquiera depende de mí.

Cuando la meta es una persona, nunca sabes lo que puede pasar.
Solo el corazón tiene la culpa de esos cambios. 
Lo único que ahora sé es que mi corazón seguirá apostando por ti.

Ahora estoy aquí, parada.
Miro atrás y me doy cuenta de que cada huella en el camino, ese que empezó hace algunos años, ha estado en su mayoría inspirada por ti.
Ahora estoy aquí, parada.
Miro hacia alante y contemplo cómo te alejas, poco a poco...

Ahora estoy aquí, parada. Aquí.
Sí, he llegado hasta aquí y nada va a impedirme continuar.
Voy a seguir andando, no te quepa duda, aunque la ilusión y la esperanza se hayan visto mermadas. Ya no tengo nada que perder.

Y es que, ¿qué me queda sino esperar a que te detengas, te tomes un descanso, respires profundamente y se te ocurra echar un vistazo a tus espaldas para percatarte de mi existencia, salvarme de esta agonizante carrera y declararme vencedora ante el dolor en esta encarnizada batalla que libro por ti?


sábado, 12 de septiembre de 2015

Elecciones

Sin duda, esto es algo que va más allá de todo. Es querer que seas feliz aunque yo no lo sea, querer que sonrías aunque yo no lo esté haciendo; y todo porque veo en ti cosas que no veo en nadie más. Profundidad. Humildad. Corazón. Veo a una persona. Una persona igual que las demás, con sus defectos y sus virtudes, excepto en el pequeño gran detalle de que tienes algo especial. O al menos para mí lo es.

Con tus actos y tus palabras y sin tú quererlo ni saberlo, has activado una especie de mecanismo en mi interior. Algo se ha encendido ahí dentro, y eres especial precisamente porque nunca nadie había sido capaz de provocar lo mismo antes. No sé si es un sentimiento, una esperanza o simplemente una ilusión, pero ese "algo" ha ido haciéndose más y más intenso con el paso de los años.

A veces me pregunto hasta qué punto yo he elegido esto.

No elegí encontrarte, pero sí saber de ti.
No elegí admirarte ni dejarme impresionar, pero tampoco elegí olvidarte y seguir mi camino.
Elegí elegirte aunque tú no me hayas elegido y aunque nunca en tu vida lo hagas.
Elegí seguir buscándote a pesar de que tú no elegiste dejarte encontrar.
Tampoco elegiste ser especial para mí, ni yo que lo fueras.
Simplemente pasó.
Yo te seguí la pista y tú hiciste el resto.
Tú solo fuiste tú.
Todo se resume en tú. En ti.

Tú. Sí, tú.

Y acabo de decidir que estoy dispuesta a elegirte siempre.

lunes, 13 de julio de 2015

Manías

Estoy obsesionada con anclarme en el pasado de algún otro modo que no sea estando presente, pues sé que eso no es posible. Sin embargo, siento la necesidad imperiosa de escribirlo todo: lo que vivo, lo que siento, lo que pienso, lo que imagino y lo que espero.

Tengo miedo al olvido porque, después del pasado, incluso después del presente, lo único que queda son los recuerdos. Y, ¿qué pasaría si de repente todo desapareciera de nuestra mente de golpe para ir a parar a ninguna parte, fuera de ella? Tantos años vividos; tantos momentos, compartidos o sin compartir. 

Es triste darse cuenta de que has dejado de recordar algo, e inmediatamente después desear que vuelva a tu mente. Sabes que habría merecido la pena volver a tenerlo entre tus recuerdos. La esencia de una persona está tanto en sus actos como en su forma de ver la vida, por eso considero importante que esa esencia, mi esencia, quede latente de algún modo.

Por ejemplo, escribiendo.

jueves, 25 de junio de 2015

Fuego

Debería estar prohibido amar tanto a alguien que está tan lejos.
Alguien a quien ni siquiera has visto en persona.
Debería estar prohibido creerse especial cuando hay personas que sienten lo mismo que tú.

No.
Lo mismo no.
Yo sé que siento algo especial.
Algo que me haría llegar al fin del mundo.
Algo que me haría esperar incluso hasta la muerte.
Es una locura, pero es lo que me pide el cuerpo. 
Lo que me pide la conciencia.
Lo que me pide el corazón.
Dejarlo todo por ti.
Sí.

"Tenerte cerca está lejos de mí." 
No si puedo impedirlo. 
Ni la mismísima distancia podrá conmigo. 
Y no pararé hasta que se me demuestre que lo que quiero es, definitivamente, imposible. 
Absolutamente imposible.

Nadie
siente lo mismo que yo,
nadie
estaría dispuesto a tanto.

He puesto mi vida en tus manos sin querer. 
El corazón ya no me deja alternativa.
No puedo cambiar mi destino.
Mi destino eres tú.
Está escrito.
Pasará.

Tan segura estoy como de que existo. 
Porque te quiero.
Y "te quiero" significa aquí y ahora.

Estoy dispuesta a esperar, pero se me hace muy difícil.
"He esperado cinco años, puedo esperar un poco más."
¿Puedo?

Me estoy volviendo loca.

No entiendo por qué tú.
No lo entiendo y sí lo entiendo.
Eres especial, mucho.
Mi refugio, mi consuelo.

Tengo ganas de gritar que te quiero, 
         ganas de correr hasta quedarme sin fuerzas, 
                      correr hasta encontrarte y abrazarte, 
                                                                 sentirte. 

Simplemente. 

Ganas de gritar que... 
"No puede ser. No todavía."
No. 
Aquí y ahora. 
Por favor... 
"Paciencia, paciencia."

No entiendo nada.

"Que uno de los dos ame al otro no significa que uno ame a uno."
Soy yo la que sufre.

"Uno de los dos no lo sabe."
No lo sabes.
No sabes nada.

Qué difícil explicar lo que siento.
Ojalá estuvieras aquí.
Aquí dentro.
Dentro de mi cabeza, 
dentro de mi corazón.

Ni aun así entenderías lo fuerte que es esto.

Golpeo una pared invisible para ti.
Sólo yo puedo verla.
Tú estás al otro lado.
No puedes verme, no puedo alcanzarte.

Romperé la pared.
Algún día la romperé.
Esa es la meta que persigo.
Llevará tiempo, pero podré con ella.

Y aunque ese instante sea insignificante para ti, todo habrá merecido la pena en mi interior. Toda la espera y todo el dolor. Y aquello por lo que tanto he sufrido y luchado se encontrará a menos de un metro de mí.

"Objetivo cumplido", pase lo que pase después, serán las palabras que sólo entonces tendré el honor de pronunciar. No más. Preferiré guardarme el resto para mí, pues ninguna palabra sería capaz de definir con exactitud como me sentiría tras tantos años de espera.

Romperé la pared.
Algún día la romperé.
Esa es la meta que persigo.
Llevará tiempo, pero podré con ella.
Y entonces rezaré para que al romperse no me rompa yo con ella.

Escaparé hacia ti.

viernes, 12 de junio de 2015

Problemas

Siempre habrá algo de lo que preocuparse.

Siempre,
y cuando se vaya un problema
siempre
vendrá otro.

Aunque antes fuera más pequeño,
crecerá,
no dejándonos dormir;
crecerá
no dejándonos disfrutar
ni ser plenamente conscientes de lo bonito que, a pesar de todo,
es vivir.

Siempre habrá algo que nos oprima el pecho.

Siempre,
que no nos deje respirar;
y nunca,
nunca estaremos saciados,
nunca satisfechos.

Siempre habrá en nuestra mente algún pensamiento que enturbie nuestro corazón.

Siempre,
que haga a nuestra sonrisa
detenerse en seco,
retroceder.

La resolución de un problema no siempre nos aporta la felicidad que esperamos obtener. La perfección no siempre viene después de que algo malo pase. El futuro no siempre será mejor. Lo que ha quedado en el pasado, tampoco.

No debemos caer en esa trampa.

Tal vez ahora sea el momento más feliz de tu vida, y tal vez también de la mía. Tal vez. Y puede que ese empeño en que lo bueno ya pasó te impida aprovecharlo de verdad. O ese empeño en que lo mejor está por venir. De hecho, cuando llegamos a ese futuro, no todo sale tan bien como pensábamos, o incluso sale tan bien que tendemos a restarle importancia a ese logro.

No siempre es bueno buscar consuelo en el pasado, en el futuro, o ponernos excusas para no sonreír.

Sé feliz ahora, pero asegúrate de tener la garantía de no poder sentir envidia en un futuro, sabiendo que intentarás que esa sonrisa sea exactamente la misma para entonces. 

Quién sabe, quizás incluso en ese momento hayas conseguido que se haya hecho aún más grande :)

lunes, 11 de mayo de 2015

Tic tac

La nostalgia no puede evitar el cambio.
Influidos por todo, retenidos por nada.
A la vez tan largo y tan corto el paso de un año...
No puede eludirse esa llamada.

Cómo lo que era importante va perdiendo prioridad.

Presos de los segundos que nos arrastran.
Ahora ya no es ahora, sino antes.
El mañana llegará,
el después se acercará.

Los momentos cambian, suspiran, huyen.

Sólo la memoria conoce nuestro secreto,
y sólo el recuerdo nos ayuda a deducir
que no estuvimos muertos.

El pasado cambió, suspiró, huyó.

Nada es igual ahora, 
todo es nuevo a cada instante.
No desees que nada llegue,
no desees que nada pase.

El futuro cambiará, suspirará y acabará huyendo también.
Pero no intentes buscar un porqué.

Porque mientras tanto,
mientras lees esto,
mientras yo lo escribo,
mientras existe el pensamiento, 
los relojes avanzan y los segundos sucumben a la furia del tiempo.

Tiempo. 
Impasible, imparable, insaciable.
El tiempo y tú.
Tú contra el tiempo.

Y él siempre acaba ganando la batalla.


viernes, 1 de mayo de 2015

Lágrimas

"Una lágrima vale más que mil palabras.
Un suspiro es un sentimiento marchito.
Las palabras brotan sin intención alguna.
Los silencios esconden gritos desgarrados sin piedad.

Los sueños buscan abrirse camino entre el abismo de las dudas y el confuso recuerdo de tus labios.
La esencia permanece en su lugar pese a los fallidos intentos de alcanzar alternativas que quizá supongan un riesgo demasiado alto.

Tal vez el precio a pagar resulte excesivo.

Nunca pensamos que el dolor pueda ser capaz de adueñarse de todo, de cobrar vida para desterrar a tu alma.
Nunca decimos que la desesperanza es nuestro punto débil, que necesitamos ayuda, que no siempre soledad y lucha son una buena combinación.

Nunca lo decimos.
Pero una lágrima vale más que mil palabras."


A. M., 18 de octubre de 2014, 1:10

sábado, 18 de abril de 2015

Todo por una mirada

Joder, no lo entiendo. Me pasa algo. Algo que, de una forma o de otra, siempre ha estado ahí, pero que últimamente está creciendo de una manera impresionante dentro de mí. El sentimiento más grande que ha albergado mi corazón en mucho tiempo. Me pasa algo, sí. Ese algo eres tú.

Ya no puedo ni mirar una foto tuya sin desear saber qué pasaba por tu cabeza en ese momento, qué acababas de hacer antes o qué harías a continuación. De unos años a esta parte, necesitarte es todo lo que sé hacer. Libro una lucha encarnizada y constante contra mi corazón, intentando apaciguar sus fieros gritos y su desenfrenada locura, mientras intento concentrarme en algo que me permita olvidarme de tu existencia aunque solo sea un minuto.

Mi vida ha cambiado por ti, ya lo sabes. Y lo peor es que va a seguir cambiando. Voy a mudarme de ciudad sin estar segura de nada, solo de que quiero verte. Voy a decirle adiós a muchas amistades, a muchos grandes proyectos, a mi familia, a mi casa, a mis hobbies y a mi cama. Pero no me importa. 

De hecho, estoy deseando que llegue el día en el que pueda salir corriendo, como nunca antes había corrido, hacia el lugar en el que sé que te encontraré. Y entonces esperar. Esperar, esperar y esperar.

Bien sabe Dios que nunca he tenido mucha paciencia, pero has sido capaz de cambiarme incluso en ese aspecto.

He imaginado tantas veces el momento en que nuestras miradas se crucen que sé que, cuando por fin llegue, el corazón me latirá desbocado, pidiendo sangre, pidiendo oxígeno. Seré feliz por un instante, y ese instante será el más intenso de mi vida: cuando mis ojos te alcancen, vuelvas la mirada y se choquen con los tuyos. Y desearé con todas mis fuerzas que el tiempo se pare en seco y no se reanude jamás.

Sin embargo, ese sueño convertido en realidad, el sueño más corto del mundo, se acabará cuando nuestras miradas se separen y tú sigas tu camino, indiferente. Y tendré miedo de ir tras de ti, miedo de hablarte, miedo al rechazo, miedo a dejar de vivir en una simple ilusión. Entonces, la desolación se apoderará de mí, y me seguiré repitiendo en silencio la palabra "cobarde" durante todo lo que quede de día. Durante todo lo que me quede de vida.

Ni una mudanza, ni un viaje, ni cientos de relaciones de amistad, ni la perspectiva de dar un cambio tan grande podrán jamás frenar mis ganas de mirarte a los ojos, mis ganas de comprobar que eres real. Por eso, en el mismo momento en que eso ocurra, absolutamente todo habrá merecido la pena.

Pena. Tú puedes vivir sin mí. Ojalá yo pudiera hacer lo mismo. No creo que nunca sea capaz de entender como un nombre y un apellido pueden esconder un significado tan amplio y tan intenso en mi cabeza y en mi corazón, con un poder incapaz de hacerme reprimir una sonrisa. Pero, con cada una de esas sonrisas, hay algo en mí que se desgarra.

Impotencia.

Una vez más, no estoy escribiendo yo. El corazón se apodera de mis manos porque necesita desahogarse, literalmente, y expresar todo lo que lleva dentro para evitar explotar de la emoción, la frustración y las lágrimas de sangre que lo recorren por toda su superficie. 

viernes, 17 de abril de 2015

Gracias por crecer conmigo

Me he acostumbrado a tener tantas cosas que decirte que ni siquiera sé por dónde empezar. Y, sin embargo, ahora que por fin he dado el paso, seguiría escribiendo hasta que se desgastara este lápiz que con tanta impaciencia sostengo entre mis dedos.

Estoy enamorada de ti. Aunque de una forma especial. No, no preguntes, porque ni yo misma lo entiendo. Nunca jamás me había pasado esto antes. No así. Te echo de menos constantemente. Quiero verte, abrazarte, saber cómo hueles; tenerte un rato a mi lado, aunque solo sea un segundo; tener la oportunidad de compartir contigo una conversación, de reflexionar juntos, de que nos sonriamos. Confiarnos nuestras dudas, nuestros planes, confiarnos nuestra confianza. Seguir sonriendo.

Los últimos cuatro años de mi vida se han basado en tener cosas que decirte y enseñarte, y en querer pedirte consejo sobre muchas de las cosas que pienso. Sencillamente, te necesito en mi vida. Puedo prometerte que nunca antes había encontrado a alguien más admirable que tú, más completo y más yo misma.

Tú me has hecho ser quien soy, me has inspirado durante años; me enseñaste a crecer, aportando tantas cosas buenas a mi vida y a mi personalidad que ahora, cuando me pongo a pensar, no me cuesta darme cuenta de lo mucho que has llegado a significar para mí. Y de todo lo que tengo que agradecerte.

Sin embargo, no pretendo que leas esto nunca. O tal vez sí. En cualquier caso, resulta curioso que, sin habértelo propuesto siquiera, hayas influido tanto y tan positivamente en mí, en todo mi yo. Curioso que no hayas sido consciente de esto y que, no obstante, haya pasado. Curioso que no sepas lo que siento aunque lo sienta, y curioso que tal vez nunca lo sepas. Pero aún más bonito y escalofriante me parece todo si tenemos en cuenta que no nos hemos visto nunca.

Increíble. Casi mágico. Sin cruzar una sola palabra, sin mirarnos, sin escucharnos, sin tocarnos. Sin conocernos, aunque yo sí te conozca a ti. Pero sin saber lo que estás pensando, lo que sientes, ni cómo estás ahora mismo. Sin saber a quién le estarás eternamente agradecido o a quién te gustaría regalarle un "te quiero". Ni siquiera estás cerca de mí pero, a pesar de todo, te llevo conmigo en cada decisión que tomo, en cada paso que doy. Y es extraño, pero así es. Y es algo triste, pero así sigue siendo.

Estoy atrapada en mis pensamientos, me agobia guardármelo todo para mí. Tal vez sea por eso por lo que estoy escribiendo. Porque lo necesito. Igual que a ti.

Ahora, si por alguna remota casualidad del destino estás leyendo esto, puede que pienses que estoy loca, que soy un poco tonta o que, sencillamente, estoy obsesionada. Pero no, no es así. Tan solo digo lo que pienso, digo, lo que siento. Soy muy feliz sabiendo que, inconscientemente, alguien como tú se convirtió un día en mi modelo de conducta. Y estoy infinitamente orgullosa de que así haya sido, porque nunca desde entonces he dejado de pensar que escogí a la persona correcta. Una persona que siempre ha sido fiel a sus ideas y que se ha mostrado tal y como es. De hecho, hubo un momento en el que incluso tu apariencia física dejó de importarme tanto como el resto de cosas buenas que llevas dentro. Nunca, aunque lo intentes, conseguirás hacerte una idea de todas las partes de ti que hay en mí. Te sorprenderías si lo supieras.

He disfrutado tantísimo de ti desde la distancia... Puede que no quisiera estropear nuestra peculiar "relación" comunicándome contigo o, simplemente, haciéndote saber que estaba ahí. Porque, en efecto, lo estaba. El verdadero apoyo se demuestra cuando eres capaz de darlo todo sin esperar nada a cambio, y yo lo llevé al extremo: ni siquiera tenías por qué saber quién era. Me he limitado a saber de ti sin que tú supieras de mí, como si una cadena invisible a tus ojos nos uniera: jamás te habrías dado cuenta de que yo iba caminando contigo, viéndote crecer a cada paso que dábamos juntos. He sido feliz solo con saber que tú también lo eras.

El problema es que no sé si quiero que eso cambie. Tal vez siga teniendo un poco de miedo. Miedo de desilusionarte, o de desilusionarme yo. Miedo de que nunca llegue a significar para ti ni la mitad de lo que tú has significado para mí durante todos estos años. Miedo de que no aprovechemos el momento, miedo de que un simple "gracias" se quede corto, miedo a haberte idealizado demasiado. Miedo de que leas esto y miedo de que no lo leas. Miedo de que yo en realidad no te importe, aunque no podamos evitarlo, y de que solo sonrías y me devuelvas ese "gracias" porque quieras ser educado, y no porque de verdad lo sientas. Miedo de ser considerada una de tantas. Porque no, no he sido la única persona que ha logrado darse cuenta de lo mucho que vales. No consigo entender por qué no hay más personas en el mundo como tú.

A pesar de todo, sé con certeza que el destino me dará, tarde o temprano, una oportunidad para mirarte directamente a los ojos, aunque no sea capaz de decirte nada. Mientras tanto, solo me queda desearte lo mejor.

Por eso y por más, porque siento que estoy en deuda contigo, necesito darte las gracias. Necesito decirte "te quiero". Nunca habrá otro mes más especial para mí. Ese mes que no entiende de colores.

Ah, y una última cosa. Seguro que alguna vez has tenido la sensación, al leer algo tuyo, de que para escribirlo ni siquiera tuvo que intervenir la mente, sino que era tu corazón el que pensaba en voz alta a través de tus manos, que se deslizaban sin ayuda sobre el papel, ansiosas, intentando ordenar y describir con palabras el inmenso remolino de sentimientos que circulaban por tu interior.

Justo eso estaba sintiendo ahora mismo.

lunes, 6 de abril de 2015

Personas

Personas. Hablemos de personas. 

Esas con las que un día, hace ya bastante tiempo, tuvimos la suerte de encontrarnos, de compartir experiencias.
Esas a las que creímos que volveríamos a ver; con las que prometimos reencontrarnos en un futuro pero con quienes ya apenas mantenemos el contacto.
Esas que ahora están tan lejos de nosotros... O quizá no tan lejos.

¿Por qué?

Personas que fueron importantes para ti, pero de las cuales muchas veces ni siquiera guardas la dirección o el número de teléfono, y de quienes lo único que queda es el recuerdo.
Personas con las que te encantaría volver a hablar, a escribir otro capítulo de esa historia de la que ambos sois protagonistas o, simplemente, a compartir unos pocos minutos más de vuestras vidas. Recordando viejos tiempos, rememorando momentos e intercambiando impresiones sobre lo increíblemente rápido que pasa el tiempo.

No es agradable pensar que jamás volverás a ver a alguien, ni que lo único que os separa son los kilómetros. Tal vez incluso deberíamos evitar pensarlo.

No obstante, la vida da muchas vueltas, porque a ella poco le importan las personas. Y quién sabe si en su incesante juego de caminos algún día el nuestro volverá a cruzarse con el de todos aquellos que un buen día nos hicieron sonreír.

Puedes, pues, confiar en el destino.

La otra opción es salir en su búsqueda.


(1 de abril de 2015)

lunes, 9 de marzo de 2015

Vida o no

32 años. Un accidente de moto.

Somos tantos en el mundo que quizás nuestras vidas no tengan un gran valor de forma individual. Como si un rico perdiera un euro. No significaría gran cosa. Al fin y al cabo, el resto del dinero sigue ahí... Y va. Y viene.

Y la vida continúa.

Podrías morir mañana. Lo único que sabes es que hoy estás vivo. Tal vez ayer no, y mañana tampoco, pero ahora sí.

Alguien a quien amas podría morir mañana. Supongo que no te gustaría quedarte sin decirle lo mucho que significa para tí, todo lo bueno que aporta a tu vida y cuantísimo cariño le tienes.

Un simple, sincero y rápido "Te quiero".

Tal vez ella hubiera dado la vida por unas últimas palabras, por un último momento especial...

Entonces, impídelo. Haz que cada momento lo sea. Especial.

La vida no espera, no se detiene. Algo puede surgir de la nada de repente. Todo puede derrumbarse sin más. En cualquier momento, en cualquier lugar.

No pienses mucho en ello, pero prepárate para lo peor.

Simplemente sé consciente.

Siente.

viernes, 27 de febrero de 2015

Preguntas

Hay muchas cosas que no entiendo. 

Si soñar es gratis y, además, tan bonito,...

¿Por qué siempre hay que ser realista? El mundo real, el suelo que pisamos, es para los que se conforman.
¿Por qué constantemente intentan que lo seamos? Si realmente nos quieren, deberían dejarnos luchar.

¿Acaso una persona no puede apuntar alto, marcarse objetivos y dejarse la piel para cumplirlos?
¿Por qué hay que limitarse a ser como el resto, a pensar como los demás y a actuar como todo el mundo?
¿Por qué nos resulta tan difícil tomarnos en serio algo original, algo diferente?
¿Por qué se rechaza cualquier idea que se aleje un poco de lo preestablecido?
¿Por qué la realidad no puede ser fantástica o increíble?


¿Por qué nos quitan la ilusión?


Tal vez piensan que vamos a estrellarnos contra un muro.
Sin embargo, puede que se sorprendan cuando, en lugar de eso, despleguemos las alas que a base de sueños hemos ido construyendo y sobrevolemos no solo ese muro, sino las cabezas de todos aquellos que prefirieron ser realistas; todos aquellos que intentaron retenernos en el mundo real, en lo "normal", lo sensato y lo que está de moda. Pasando por encima de todos aquellos que nunca creyeron en ti.

Cuando nadie puede detenernos comenzamos un viaje que nos llevará a alcanzar nuestro más bello final, nuestra más anhelada satisfacción y nuestra más deseada felicidad.

Tu momento ha llegado.

Vuela.

domingo, 15 de febrero de 2015

Mario

"Alas sin dueño. Sueños encadenados. Prisioneros de sí.

Ver la luz.
Ser feliz.

Volver a caer.
                                  Ahora peor.

¿Dolor?
Sentimientos hundidos por el peso que supone pensar.
Esperanzas que saben a poco; es difícil creer en algo que no sea aquí y ahora.

Un día de luz, diez de oscuridad...
¿Merece la pena?

Dependiendo de una probabilidad.
Pendiendo de un hilo.
Soledad.
Y una meta: la libertad.


Mi corazón llora. Atrapado.


Tal vez no porque sea débil.
Tal vez porque lleva mucho tiempo siendo fuerte.
Tal vez demasiado.

Tu peor enemigo:      Tú.
Conciencia y subconsciente se rebelan contra ti.
Auguran lo peor.
Aunque no siempre salen ganando.

Porque algo se activa.
Recibes sin haber pedido.
Y parece que el destino tiene al fin un detalle contigo.
Cuando te enseña la llave.
Está viva.


Mi corazón habla. Y la llave viene a mí.


No puedo alcanzarla. Lejos, pero está.
Ahí está.
Su presencia me consuela, aunque no pueda solucionar nada.
Pero ahora sé que hay una llave.
Que la puerta se puede abrir.


Mi corazón habla, y la llave sigue ahí.


Puede abrir más puertas, pero espera.
Confía en mí.
Compartimos esto. Quizá más.
Son los restos que nos dejan las historias contadas una noche de insomnio.

Nuestra madrugada.

Dos almas con mucho que agradecerse.


Que no vivieron perdices, ni comieron felices, pero que entonces pudieron alcanzar a comprender que hacen falta días malos para darse cuenta de lo bonitos que son el resto."


A. M., 1 de Noviembre de 2014




Esa llave se llamaba Mario... Le eché una mano para escribirlo, éste y otros versos que quizá poco a poco vaya subiendo... No quiso enseñártelo personalmente por miedo a que no te gustara... Pero yo tenía que hacerlo.

Gracias por ser un punto de apoyo, tanto en sus momentos difíciles como en todos los demás. Gracias por ser la llave de su esperanza.


P.D.: Por favor, si lees esto, házmelo saber. Significará que sabes hasta qué punto fuiste importante en su vida. Y significará que habré cumplido mi objetivo. En el fondo, sé que ella quería que supieras esto. Gracias de nuevo.


domingo, 1 de febrero de 2015

Romeo y Julieta

Asomada a su balcón,
mira las nubes pasar;
recuerda cuánto vivió
y cuánto dejó escapar.

Por creer en el amor
ha venido aquí a parar.
No hay nada en su corazón
que le ayude a respirar.

Otra vez entre los vivos,
ha venido a visitar
el lugar de donde vino
y jamás regresará.

Su juventud, sus vestidos,
su familia y dulce hogar;
él se puso en su camino,
luego ya nada fue igual.

Poco a poco, el alma errante
al cementerio llegó;
los recuerdos, penetrantes,
invaden su corazón.

Vestida como una dama,
se va armando de valor;
quizá no esté preparada
para que vuelva el dolor.

Alza la mirada y mira,
ve lo que esperaba ver:
ella misma allí tendida
sobre el césped y otra piel.

No está sola, no esta vez.
Su Romeo junto a ella está.
Prefirió morir con él
que vivir en soledad.

Infalible, previsor,
siempre supo lo que vino;
juega en contra o a favor
y se hace llamar destino.

Poderoso, imponente,
ha vencido a vida y muerte;
de norte a sur, de este a oeste,
el amor sigue presente.


Nunca hubo nada más fuerte.


(24 de enero de 2015, 18:39)

jueves, 22 de enero de 2015

Caminos (parte 2)

"Y ahora estoy aquí. Si se están preguntando dónde, les diré que nunca paré de caminar desde aquel día. Sigo el ritmo de mis pasos, que, aunque algo más cansados por la larga senda recorrida durante todos estos años, siguen pisando firme como antaño, decididos y sin ganas de pararse todavía. El camino vuelve a ser ancho ahora, aunque no tanto como lo fue en su día; las ramificaciones y los caminos a elegir son cada vez menos. Mis posibilidades han ido reduciéndose conforme avanzaba.

Hay alguien a mi derecha. Es bastante joven y lleva un paso firme, enérgico y fuerte. Hay algo en ella que me recuerda a mí, algo que me hace pensar en cómo pasa el tiempo, en cómo cambian las cosas. Por un instante, la nostalgia se apodera de mi mente, aunque una parte de mí sigue pensando que el pasado y el futuro no importan tanto como creemos. Pero también me hace darme cuenta de hasta qué punto la forma de dar tus pasos puede llegar a definirte.

Sopla una ligera brisa juguetona que le alborota el pelo, y ahora la joven se detiene. Y yo con ella. Es entonces cuando puedo observar cómo, muy lentamente, se agacha y arranca con suavidad una rosa. Sin duda, la flor más bonita que he visto en todos estos años. La contempla con admiración y sonríe tras olerla. De repente, veo en ella a esa niña totalmente contraria a su padre, capaz de apreciar esas pequeñas maravillas que, aunque no nos demos cuenta, siempre están ahí. Nuestras miradas se cruzan. Y es entonces cuando me ofrece la flor. En ese momento, sé que ha conseguido recordar que ya nos habíamos encontrado antes.

Ahora soy yo el que tengo que cambiar mi rumbo. Son ya muchos años de travesía, pero que no me arrepiento de haber recorrido. Tal vez ella continúe todo recto, o tal vez quiera pararse un momento a descansar. Sea como sea, sabemos que por mucho tiempo que compartamos un camino con alguien, estamos destinados a que tarde o temprano nuestras direcciones se separen. A pesar de todo, le prometí a esa chica que, si al final del camino lograba reencontrarme con su padre, cuidaría de él como una vez él cuidó de aquella niña. Además de eso, le diría que su hija me enseñó una lección, y es que quizás no todo está en andar, sino en pararse un momento y ser conscientes de los pequeños e infinitos detalles que el camino de nuestra vida siempre nos ofrece."



(18 de octubre de 2014, 3:25)

domingo, 18 de enero de 2015

Caminos (parte 1)

"Caminar nunca me había parecido interesante. Y mucho menos divertido. Siempre intentaba distraerme de otro modo, quizás la sociedad le había quitado a las pequeñas cosas, a los verdaderos placeres de la vida, una parte muy importante de su valor. Sin embargo, aquella vez todo era diferente. La anchura del sendero y la exótica pureza del entorno que contemplaba eran capaces de hacer sentir vivo a cualquiera. La paz y la calma podían respirarse, casi incluso palparse. Me pareció que había vivido muy pocos momentos tan felices. Miré al frente, y aquel atardecer me devolvió la esperanza. En todo. Entonces deseé haber descubierto antes semejante maravilla, así como el inmenso placer que me producía el simple hecho de poner un pie por delante del otro consecutiva y regularmente y marcar el ritmo de mis propios pasos, de mi propia vida. Vida. Ciertamente, me sentía a rebosar de vida. Daba la sensación de que cada poro de mi piel tenía la capacidad de absorber todas las cosas bonitas que encontraba a mi paso.

Un latido. Otro. Otro más.
Un paso. Otro. Otro más.
Pero siempre la misma sonrisa.

Creo que nunca me había importado tan poco el futuro, o el mero hecho de no haber prefijado un destino. Caminaba sin rumbo, pero no había tiempo para pensar en lo que ocurriría después. Sólo existía ese momento. Ahora.

Había un hombre a mi derecha. La fresca brisa le alborotaba el pelo al tiempo que daba un paso tras otro, cada cual más rápido, intentando no perder un segundo. Una niña caminaba a su otro lado, a la cual miraba de vez en cuando y apremiaba con tiernas palabras para evitar que aminorara el ritmo. Estaban cerca uno del otro, pero no se cogían de la mano, a pesar de que yo tenía la certeza de que la confianza entre ellos era la suficiente para hacerlo.

Las tres personas, que ocupábamos apenas una pequeña parte del sendero, teníamos diferentes maneras de verlo. Yo acababa de darme cuenta, después de tanto tiempo, de la belleza que albergaba, y no podía sino disfrutar de cada segundo que pasaba y de cada uno de los movimientos que mis músculos realizaban. Con aquel traje de chaqueta, el adulto de mi derecha parecía demasiado ocupado como para pararse a mirar lo que tenía alrededor. La niña, que hizo ademán de agacharse a arrancar una flor para olerla, se veía constantemente arrastrada por su padre, el cual, con su aparente prisa, no estaba dispuesto a perder el tiempo.

Todo transcurrió así hasta que, de improviso, se produjo un repentino cambio en el sendero. Empezaron a divisarse varias ramificaciones que se extendían hacia fuera del bellísimo y amplio camino inicial. Tanto a la izquierda como a la derecha, empezaron a surgir trechos de tierra mucho menos anchos. Volví la mirada hacia la pareja; no sabía qué iba a ser de ellos. La ahora intrincada forma del sendero obligó a ambos a girar a la derecha y a seguir un camino que, quién sabe, quizás algún día volviera a juntarse con el mío. A mí, por el contrario, no me quedó más remedio que continuar recto, aunque entonces tampoco supe a dónde me llevaría este nuevo tramo."

sábado, 3 de enero de 2015

Una vida juntos


"La biblioteca del pueblo era nuestro lugar de encuentro. Solía desear, impaciente, que llegara la hora en la que por fin nos encontraríamos. Y, cuando ésta se acercaba, nada me impedía correr. Cada día recorría las calles y los caminos, atravesaba los parques y las plazas, teniendo como único motor la ilusión que me producía saber que iba a estar contigo. Y corría. Corría hasta que la puerta que me separaba de ti me obligaba a detenerme. Empujarla siempre parecía más pesado cuando la impaciencia se apoderaba de mí. Con la respiración aún agitada, entraba en la sala. Nunca llegué a dudar realmente de que no fuera a encontrarte dentro. Sabía que nunca me abandonarías. Y, efectivamente, allí estabas. Y recuerdo cómo no podía esperar a tenerte entre mis brazos.



Nunca nada me había hecho sentir algo así. Pero tú siempre fuiste especial.



Ahora, que sigues aquí conmigo, con tu cubierta antigua repleta de relieves entre los que se pierden mis dedos y tus tantas páginas desgastadas por los años, cuyo olor me trae tantos magníficos recuerdos, me doy cuenta de que me cambiaste la vida.



Fuiste aquella novela que me robó el corazón."


 (26 de octubre de 2014, 1:45)