sábado, 18 de abril de 2015

Todo por una mirada

Joder, no lo entiendo. Me pasa algo. Algo que, de una forma o de otra, siempre ha estado ahí, pero que últimamente está creciendo de una manera impresionante dentro de mí. El sentimiento más grande que ha albergado mi corazón en mucho tiempo. Me pasa algo, sí. Ese algo eres tú.

Ya no puedo ni mirar una foto tuya sin desear saber qué pasaba por tu cabeza en ese momento, qué acababas de hacer antes o qué harías a continuación. De unos años a esta parte, necesitarte es todo lo que sé hacer. Libro una lucha encarnizada y constante contra mi corazón, intentando apaciguar sus fieros gritos y su desenfrenada locura, mientras intento concentrarme en algo que me permita olvidarme de tu existencia aunque solo sea un minuto.

Mi vida ha cambiado por ti, ya lo sabes. Y lo peor es que va a seguir cambiando. Voy a mudarme de ciudad sin estar segura de nada, solo de que quiero verte. Voy a decirle adiós a muchas amistades, a muchos grandes proyectos, a mi familia, a mi casa, a mis hobbies y a mi cama. Pero no me importa. 

De hecho, estoy deseando que llegue el día en el que pueda salir corriendo, como nunca antes había corrido, hacia el lugar en el que sé que te encontraré. Y entonces esperar. Esperar, esperar y esperar.

Bien sabe Dios que nunca he tenido mucha paciencia, pero has sido capaz de cambiarme incluso en ese aspecto.

He imaginado tantas veces el momento en que nuestras miradas se crucen que sé que, cuando por fin llegue, el corazón me latirá desbocado, pidiendo sangre, pidiendo oxígeno. Seré feliz por un instante, y ese instante será el más intenso de mi vida: cuando mis ojos te alcancen, vuelvas la mirada y se choquen con los tuyos. Y desearé con todas mis fuerzas que el tiempo se pare en seco y no se reanude jamás.

Sin embargo, ese sueño convertido en realidad, el sueño más corto del mundo, se acabará cuando nuestras miradas se separen y tú sigas tu camino, indiferente. Y tendré miedo de ir tras de ti, miedo de hablarte, miedo al rechazo, miedo a dejar de vivir en una simple ilusión. Entonces, la desolación se apoderará de mí, y me seguiré repitiendo en silencio la palabra "cobarde" durante todo lo que quede de día. Durante todo lo que me quede de vida.

Ni una mudanza, ni un viaje, ni cientos de relaciones de amistad, ni la perspectiva de dar un cambio tan grande podrán jamás frenar mis ganas de mirarte a los ojos, mis ganas de comprobar que eres real. Por eso, en el mismo momento en que eso ocurra, absolutamente todo habrá merecido la pena.

Pena. Tú puedes vivir sin mí. Ojalá yo pudiera hacer lo mismo. No creo que nunca sea capaz de entender como un nombre y un apellido pueden esconder un significado tan amplio y tan intenso en mi cabeza y en mi corazón, con un poder incapaz de hacerme reprimir una sonrisa. Pero, con cada una de esas sonrisas, hay algo en mí que se desgarra.

Impotencia.

Una vez más, no estoy escribiendo yo. El corazón se apodera de mis manos porque necesita desahogarse, literalmente, y expresar todo lo que lleva dentro para evitar explotar de la emoción, la frustración y las lágrimas de sangre que lo recorren por toda su superficie. 

viernes, 17 de abril de 2015

Gracias por crecer conmigo

Me he acostumbrado a tener tantas cosas que decirte que ni siquiera sé por dónde empezar. Y, sin embargo, ahora que por fin he dado el paso, seguiría escribiendo hasta que se desgastara este lápiz que con tanta impaciencia sostengo entre mis dedos.

Estoy enamorada de ti. Aunque de una forma especial. No, no preguntes, porque ni yo misma lo entiendo. Nunca jamás me había pasado esto antes. No así. Te echo de menos constantemente. Quiero verte, abrazarte, saber cómo hueles; tenerte un rato a mi lado, aunque solo sea un segundo; tener la oportunidad de compartir contigo una conversación, de reflexionar juntos, de que nos sonriamos. Confiarnos nuestras dudas, nuestros planes, confiarnos nuestra confianza. Seguir sonriendo.

Los últimos cuatro años de mi vida se han basado en tener cosas que decirte y enseñarte, y en querer pedirte consejo sobre muchas de las cosas que pienso. Sencillamente, te necesito en mi vida. Puedo prometerte que nunca antes había encontrado a alguien más admirable que tú, más completo y más yo misma.

Tú me has hecho ser quien soy, me has inspirado durante años; me enseñaste a crecer, aportando tantas cosas buenas a mi vida y a mi personalidad que ahora, cuando me pongo a pensar, no me cuesta darme cuenta de lo mucho que has llegado a significar para mí. Y de todo lo que tengo que agradecerte.

Sin embargo, no pretendo que leas esto nunca. O tal vez sí. En cualquier caso, resulta curioso que, sin habértelo propuesto siquiera, hayas influido tanto y tan positivamente en mí, en todo mi yo. Curioso que no hayas sido consciente de esto y que, no obstante, haya pasado. Curioso que no sepas lo que siento aunque lo sienta, y curioso que tal vez nunca lo sepas. Pero aún más bonito y escalofriante me parece todo si tenemos en cuenta que no nos hemos visto nunca.

Increíble. Casi mágico. Sin cruzar una sola palabra, sin mirarnos, sin escucharnos, sin tocarnos. Sin conocernos, aunque yo sí te conozca a ti. Pero sin saber lo que estás pensando, lo que sientes, ni cómo estás ahora mismo. Sin saber a quién le estarás eternamente agradecido o a quién te gustaría regalarle un "te quiero". Ni siquiera estás cerca de mí pero, a pesar de todo, te llevo conmigo en cada decisión que tomo, en cada paso que doy. Y es extraño, pero así es. Y es algo triste, pero así sigue siendo.

Estoy atrapada en mis pensamientos, me agobia guardármelo todo para mí. Tal vez sea por eso por lo que estoy escribiendo. Porque lo necesito. Igual que a ti.

Ahora, si por alguna remota casualidad del destino estás leyendo esto, puede que pienses que estoy loca, que soy un poco tonta o que, sencillamente, estoy obsesionada. Pero no, no es así. Tan solo digo lo que pienso, digo, lo que siento. Soy muy feliz sabiendo que, inconscientemente, alguien como tú se convirtió un día en mi modelo de conducta. Y estoy infinitamente orgullosa de que así haya sido, porque nunca desde entonces he dejado de pensar que escogí a la persona correcta. Una persona que siempre ha sido fiel a sus ideas y que se ha mostrado tal y como es. De hecho, hubo un momento en el que incluso tu apariencia física dejó de importarme tanto como el resto de cosas buenas que llevas dentro. Nunca, aunque lo intentes, conseguirás hacerte una idea de todas las partes de ti que hay en mí. Te sorprenderías si lo supieras.

He disfrutado tantísimo de ti desde la distancia... Puede que no quisiera estropear nuestra peculiar "relación" comunicándome contigo o, simplemente, haciéndote saber que estaba ahí. Porque, en efecto, lo estaba. El verdadero apoyo se demuestra cuando eres capaz de darlo todo sin esperar nada a cambio, y yo lo llevé al extremo: ni siquiera tenías por qué saber quién era. Me he limitado a saber de ti sin que tú supieras de mí, como si una cadena invisible a tus ojos nos uniera: jamás te habrías dado cuenta de que yo iba caminando contigo, viéndote crecer a cada paso que dábamos juntos. He sido feliz solo con saber que tú también lo eras.

El problema es que no sé si quiero que eso cambie. Tal vez siga teniendo un poco de miedo. Miedo de desilusionarte, o de desilusionarme yo. Miedo de que nunca llegue a significar para ti ni la mitad de lo que tú has significado para mí durante todos estos años. Miedo de que no aprovechemos el momento, miedo de que un simple "gracias" se quede corto, miedo a haberte idealizado demasiado. Miedo de que leas esto y miedo de que no lo leas. Miedo de que yo en realidad no te importe, aunque no podamos evitarlo, y de que solo sonrías y me devuelvas ese "gracias" porque quieras ser educado, y no porque de verdad lo sientas. Miedo de ser considerada una de tantas. Porque no, no he sido la única persona que ha logrado darse cuenta de lo mucho que vales. No consigo entender por qué no hay más personas en el mundo como tú.

A pesar de todo, sé con certeza que el destino me dará, tarde o temprano, una oportunidad para mirarte directamente a los ojos, aunque no sea capaz de decirte nada. Mientras tanto, solo me queda desearte lo mejor.

Por eso y por más, porque siento que estoy en deuda contigo, necesito darte las gracias. Necesito decirte "te quiero". Nunca habrá otro mes más especial para mí. Ese mes que no entiende de colores.

Ah, y una última cosa. Seguro que alguna vez has tenido la sensación, al leer algo tuyo, de que para escribirlo ni siquiera tuvo que intervenir la mente, sino que era tu corazón el que pensaba en voz alta a través de tus manos, que se deslizaban sin ayuda sobre el papel, ansiosas, intentando ordenar y describir con palabras el inmenso remolino de sentimientos que circulaban por tu interior.

Justo eso estaba sintiendo ahora mismo.

lunes, 6 de abril de 2015

Personas

Personas. Hablemos de personas. 

Esas con las que un día, hace ya bastante tiempo, tuvimos la suerte de encontrarnos, de compartir experiencias.
Esas a las que creímos que volveríamos a ver; con las que prometimos reencontrarnos en un futuro pero con quienes ya apenas mantenemos el contacto.
Esas que ahora están tan lejos de nosotros... O quizá no tan lejos.

¿Por qué?

Personas que fueron importantes para ti, pero de las cuales muchas veces ni siquiera guardas la dirección o el número de teléfono, y de quienes lo único que queda es el recuerdo.
Personas con las que te encantaría volver a hablar, a escribir otro capítulo de esa historia de la que ambos sois protagonistas o, simplemente, a compartir unos pocos minutos más de vuestras vidas. Recordando viejos tiempos, rememorando momentos e intercambiando impresiones sobre lo increíblemente rápido que pasa el tiempo.

No es agradable pensar que jamás volverás a ver a alguien, ni que lo único que os separa son los kilómetros. Tal vez incluso deberíamos evitar pensarlo.

No obstante, la vida da muchas vueltas, porque a ella poco le importan las personas. Y quién sabe si en su incesante juego de caminos algún día el nuestro volverá a cruzarse con el de todos aquellos que un buen día nos hicieron sonreír.

Puedes, pues, confiar en el destino.

La otra opción es salir en su búsqueda.


(1 de abril de 2015)