Asomada a su balcón,
mira las nubes pasar;
recuerda cuánto vivió
y cuánto dejó escapar.
Por creer en el amor
ha venido aquí a parar.
No hay nada en su corazón
que le ayude a respirar.
Otra vez entre los vivos,
ha venido a visitar
el lugar de donde vino
y jamás regresará.
Su juventud, sus vestidos,
su familia y dulce hogar;
él se puso en su camino,
luego ya nada fue igual.
Poco a poco, el alma errante
al cementerio llegó;
los recuerdos, penetrantes,
invaden su corazón.
Vestida como una dama,
se va armando de valor;
quizá no esté preparada
para que vuelva el dolor.
Alza la mirada y mira,
ve lo que esperaba ver:
ella misma allí tendida
sobre el césped y otra piel.
No está sola, no esta vez.
Su Romeo junto a ella está.
Prefirió morir con él
que vivir en soledad.
Infalible, previsor,
siempre supo lo que vino;
juega en contra o a favor
y se hace llamar destino.
Poderoso, imponente,
ha vencido a vida y muerte;
de norte a sur, de este a oeste,
el amor sigue presente.
Nunca hubo nada más fuerte.
(24 de enero de 2015, 18:39)
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