domingo, 1 de febrero de 2015

Romeo y Julieta

Asomada a su balcón,
mira las nubes pasar;
recuerda cuánto vivió
y cuánto dejó escapar.

Por creer en el amor
ha venido aquí a parar.
No hay nada en su corazón
que le ayude a respirar.

Otra vez entre los vivos,
ha venido a visitar
el lugar de donde vino
y jamás regresará.

Su juventud, sus vestidos,
su familia y dulce hogar;
él se puso en su camino,
luego ya nada fue igual.

Poco a poco, el alma errante
al cementerio llegó;
los recuerdos, penetrantes,
invaden su corazón.

Vestida como una dama,
se va armando de valor;
quizá no esté preparada
para que vuelva el dolor.

Alza la mirada y mira,
ve lo que esperaba ver:
ella misma allí tendida
sobre el césped y otra piel.

No está sola, no esta vez.
Su Romeo junto a ella está.
Prefirió morir con él
que vivir en soledad.

Infalible, previsor,
siempre supo lo que vino;
juega en contra o a favor
y se hace llamar destino.

Poderoso, imponente,
ha vencido a vida y muerte;
de norte a sur, de este a oeste,
el amor sigue presente.


Nunca hubo nada más fuerte.


(24 de enero de 2015, 18:39)

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