lunes, 13 de julio de 2015

Manías

Estoy obsesionada con anclarme en el pasado de algún otro modo que no sea estando presente, pues sé que eso no es posible. Sin embargo, siento la necesidad imperiosa de escribirlo todo: lo que vivo, lo que siento, lo que pienso, lo que imagino y lo que espero.

Tengo miedo al olvido porque, después del pasado, incluso después del presente, lo único que queda son los recuerdos. Y, ¿qué pasaría si de repente todo desapareciera de nuestra mente de golpe para ir a parar a ninguna parte, fuera de ella? Tantos años vividos; tantos momentos, compartidos o sin compartir. 

Es triste darse cuenta de que has dejado de recordar algo, e inmediatamente después desear que vuelva a tu mente. Sabes que habría merecido la pena volver a tenerlo entre tus recuerdos. La esencia de una persona está tanto en sus actos como en su forma de ver la vida, por eso considero importante que esa esencia, mi esencia, quede latente de algún modo.

Por ejemplo, escribiendo.

jueves, 25 de junio de 2015

Fuego

Debería estar prohibido amar tanto a alguien que está tan lejos.
Alguien a quien ni siquiera has visto en persona.
Debería estar prohibido creerse especial cuando hay personas que sienten lo mismo que tú.

No.
Lo mismo no.
Yo sé que siento algo especial.
Algo que me haría llegar al fin del mundo.
Algo que me haría esperar incluso hasta la muerte.
Es una locura, pero es lo que me pide el cuerpo. 
Lo que me pide la conciencia.
Lo que me pide el corazón.
Dejarlo todo por ti.
Sí.

"Tenerte cerca está lejos de mí." 
No si puedo impedirlo. 
Ni la mismísima distancia podrá conmigo. 
Y no pararé hasta que se me demuestre que lo que quiero es, definitivamente, imposible. 
Absolutamente imposible.

Nadie
siente lo mismo que yo,
nadie
estaría dispuesto a tanto.

He puesto mi vida en tus manos sin querer. 
El corazón ya no me deja alternativa.
No puedo cambiar mi destino.
Mi destino eres tú.
Está escrito.
Pasará.

Tan segura estoy como de que existo. 
Porque te quiero.
Y "te quiero" significa aquí y ahora.

Estoy dispuesta a esperar, pero se me hace muy difícil.
"He esperado cinco años, puedo esperar un poco más."
¿Puedo?

Me estoy volviendo loca.

No entiendo por qué tú.
No lo entiendo y sí lo entiendo.
Eres especial, mucho.
Mi refugio, mi consuelo.

Tengo ganas de gritar que te quiero, 
         ganas de correr hasta quedarme sin fuerzas, 
                      correr hasta encontrarte y abrazarte, 
                                                                 sentirte. 

Simplemente. 

Ganas de gritar que... 
"No puede ser. No todavía."
No. 
Aquí y ahora. 
Por favor... 
"Paciencia, paciencia."

No entiendo nada.

"Que uno de los dos ame al otro no significa que uno ame a uno."
Soy yo la que sufre.

"Uno de los dos no lo sabe."
No lo sabes.
No sabes nada.

Qué difícil explicar lo que siento.
Ojalá estuvieras aquí.
Aquí dentro.
Dentro de mi cabeza, 
dentro de mi corazón.

Ni aun así entenderías lo fuerte que es esto.

Golpeo una pared invisible para ti.
Sólo yo puedo verla.
Tú estás al otro lado.
No puedes verme, no puedo alcanzarte.

Romperé la pared.
Algún día la romperé.
Esa es la meta que persigo.
Llevará tiempo, pero podré con ella.

Y aunque ese instante sea insignificante para ti, todo habrá merecido la pena en mi interior. Toda la espera y todo el dolor. Y aquello por lo que tanto he sufrido y luchado se encontrará a menos de un metro de mí.

"Objetivo cumplido", pase lo que pase después, serán las palabras que sólo entonces tendré el honor de pronunciar. No más. Preferiré guardarme el resto para mí, pues ninguna palabra sería capaz de definir con exactitud como me sentiría tras tantos años de espera.

Romperé la pared.
Algún día la romperé.
Esa es la meta que persigo.
Llevará tiempo, pero podré con ella.
Y entonces rezaré para que al romperse no me rompa yo con ella.

Escaparé hacia ti.

viernes, 12 de junio de 2015

Problemas

Siempre habrá algo de lo que preocuparse.

Siempre,
y cuando se vaya un problema
siempre
vendrá otro.

Aunque antes fuera más pequeño,
crecerá,
no dejándonos dormir;
crecerá
no dejándonos disfrutar
ni ser plenamente conscientes de lo bonito que, a pesar de todo,
es vivir.

Siempre habrá algo que nos oprima el pecho.

Siempre,
que no nos deje respirar;
y nunca,
nunca estaremos saciados,
nunca satisfechos.

Siempre habrá en nuestra mente algún pensamiento que enturbie nuestro corazón.

Siempre,
que haga a nuestra sonrisa
detenerse en seco,
retroceder.

La resolución de un problema no siempre nos aporta la felicidad que esperamos obtener. La perfección no siempre viene después de que algo malo pase. El futuro no siempre será mejor. Lo que ha quedado en el pasado, tampoco.

No debemos caer en esa trampa.

Tal vez ahora sea el momento más feliz de tu vida, y tal vez también de la mía. Tal vez. Y puede que ese empeño en que lo bueno ya pasó te impida aprovecharlo de verdad. O ese empeño en que lo mejor está por venir. De hecho, cuando llegamos a ese futuro, no todo sale tan bien como pensábamos, o incluso sale tan bien que tendemos a restarle importancia a ese logro.

No siempre es bueno buscar consuelo en el pasado, en el futuro, o ponernos excusas para no sonreír.

Sé feliz ahora, pero asegúrate de tener la garantía de no poder sentir envidia en un futuro, sabiendo que intentarás que esa sonrisa sea exactamente la misma para entonces. 

Quién sabe, quizás incluso en ese momento hayas conseguido que se haya hecho aún más grande :)

lunes, 11 de mayo de 2015

Tic tac

La nostalgia no puede evitar el cambio.
Influidos por todo, retenidos por nada.
A la vez tan largo y tan corto el paso de un año...
No puede eludirse esa llamada.

Cómo lo que era importante va perdiendo prioridad.

Presos de los segundos que nos arrastran.
Ahora ya no es ahora, sino antes.
El mañana llegará,
el después se acercará.

Los momentos cambian, suspiran, huyen.

Sólo la memoria conoce nuestro secreto,
y sólo el recuerdo nos ayuda a deducir
que no estuvimos muertos.

El pasado cambió, suspiró, huyó.

Nada es igual ahora, 
todo es nuevo a cada instante.
No desees que nada llegue,
no desees que nada pase.

El futuro cambiará, suspirará y acabará huyendo también.
Pero no intentes buscar un porqué.

Porque mientras tanto,
mientras lees esto,
mientras yo lo escribo,
mientras existe el pensamiento, 
los relojes avanzan y los segundos sucumben a la furia del tiempo.

Tiempo. 
Impasible, imparable, insaciable.
El tiempo y tú.
Tú contra el tiempo.

Y él siempre acaba ganando la batalla.


viernes, 1 de mayo de 2015

Lágrimas

"Una lágrima vale más que mil palabras.
Un suspiro es un sentimiento marchito.
Las palabras brotan sin intención alguna.
Los silencios esconden gritos desgarrados sin piedad.

Los sueños buscan abrirse camino entre el abismo de las dudas y el confuso recuerdo de tus labios.
La esencia permanece en su lugar pese a los fallidos intentos de alcanzar alternativas que quizá supongan un riesgo demasiado alto.

Tal vez el precio a pagar resulte excesivo.

Nunca pensamos que el dolor pueda ser capaz de adueñarse de todo, de cobrar vida para desterrar a tu alma.
Nunca decimos que la desesperanza es nuestro punto débil, que necesitamos ayuda, que no siempre soledad y lucha son una buena combinación.

Nunca lo decimos.
Pero una lágrima vale más que mil palabras."


A. M., 18 de octubre de 2014, 1:10

sábado, 18 de abril de 2015

Todo por una mirada

Joder, no lo entiendo. Me pasa algo. Algo que, de una forma o de otra, siempre ha estado ahí, pero que últimamente está creciendo de una manera impresionante dentro de mí. El sentimiento más grande que ha albergado mi corazón en mucho tiempo. Me pasa algo, sí. Ese algo eres tú.

Ya no puedo ni mirar una foto tuya sin desear saber qué pasaba por tu cabeza en ese momento, qué acababas de hacer antes o qué harías a continuación. De unos años a esta parte, necesitarte es todo lo que sé hacer. Libro una lucha encarnizada y constante contra mi corazón, intentando apaciguar sus fieros gritos y su desenfrenada locura, mientras intento concentrarme en algo que me permita olvidarme de tu existencia aunque solo sea un minuto.

Mi vida ha cambiado por ti, ya lo sabes. Y lo peor es que va a seguir cambiando. Voy a mudarme de ciudad sin estar segura de nada, solo de que quiero verte. Voy a decirle adiós a muchas amistades, a muchos grandes proyectos, a mi familia, a mi casa, a mis hobbies y a mi cama. Pero no me importa. 

De hecho, estoy deseando que llegue el día en el que pueda salir corriendo, como nunca antes había corrido, hacia el lugar en el que sé que te encontraré. Y entonces esperar. Esperar, esperar y esperar.

Bien sabe Dios que nunca he tenido mucha paciencia, pero has sido capaz de cambiarme incluso en ese aspecto.

He imaginado tantas veces el momento en que nuestras miradas se crucen que sé que, cuando por fin llegue, el corazón me latirá desbocado, pidiendo sangre, pidiendo oxígeno. Seré feliz por un instante, y ese instante será el más intenso de mi vida: cuando mis ojos te alcancen, vuelvas la mirada y se choquen con los tuyos. Y desearé con todas mis fuerzas que el tiempo se pare en seco y no se reanude jamás.

Sin embargo, ese sueño convertido en realidad, el sueño más corto del mundo, se acabará cuando nuestras miradas se separen y tú sigas tu camino, indiferente. Y tendré miedo de ir tras de ti, miedo de hablarte, miedo al rechazo, miedo a dejar de vivir en una simple ilusión. Entonces, la desolación se apoderará de mí, y me seguiré repitiendo en silencio la palabra "cobarde" durante todo lo que quede de día. Durante todo lo que me quede de vida.

Ni una mudanza, ni un viaje, ni cientos de relaciones de amistad, ni la perspectiva de dar un cambio tan grande podrán jamás frenar mis ganas de mirarte a los ojos, mis ganas de comprobar que eres real. Por eso, en el mismo momento en que eso ocurra, absolutamente todo habrá merecido la pena.

Pena. Tú puedes vivir sin mí. Ojalá yo pudiera hacer lo mismo. No creo que nunca sea capaz de entender como un nombre y un apellido pueden esconder un significado tan amplio y tan intenso en mi cabeza y en mi corazón, con un poder incapaz de hacerme reprimir una sonrisa. Pero, con cada una de esas sonrisas, hay algo en mí que se desgarra.

Impotencia.

Una vez más, no estoy escribiendo yo. El corazón se apodera de mis manos porque necesita desahogarse, literalmente, y expresar todo lo que lleva dentro para evitar explotar de la emoción, la frustración y las lágrimas de sangre que lo recorren por toda su superficie. 

viernes, 17 de abril de 2015

Gracias por crecer conmigo

Me he acostumbrado a tener tantas cosas que decirte que ni siquiera sé por dónde empezar. Y, sin embargo, ahora que por fin he dado el paso, seguiría escribiendo hasta que se desgastara este lápiz que con tanta impaciencia sostengo entre mis dedos.

Estoy enamorada de ti. Aunque de una forma especial. No, no preguntes, porque ni yo misma lo entiendo. Nunca jamás me había pasado esto antes. No así. Te echo de menos constantemente. Quiero verte, abrazarte, saber cómo hueles; tenerte un rato a mi lado, aunque solo sea un segundo; tener la oportunidad de compartir contigo una conversación, de reflexionar juntos, de que nos sonriamos. Confiarnos nuestras dudas, nuestros planes, confiarnos nuestra confianza. Seguir sonriendo.

Los últimos cuatro años de mi vida se han basado en tener cosas que decirte y enseñarte, y en querer pedirte consejo sobre muchas de las cosas que pienso. Sencillamente, te necesito en mi vida. Puedo prometerte que nunca antes había encontrado a alguien más admirable que tú, más completo y más yo misma.

Tú me has hecho ser quien soy, me has inspirado durante años; me enseñaste a crecer, aportando tantas cosas buenas a mi vida y a mi personalidad que ahora, cuando me pongo a pensar, no me cuesta darme cuenta de lo mucho que has llegado a significar para mí. Y de todo lo que tengo que agradecerte.

Sin embargo, no pretendo que leas esto nunca. O tal vez sí. En cualquier caso, resulta curioso que, sin habértelo propuesto siquiera, hayas influido tanto y tan positivamente en mí, en todo mi yo. Curioso que no hayas sido consciente de esto y que, no obstante, haya pasado. Curioso que no sepas lo que siento aunque lo sienta, y curioso que tal vez nunca lo sepas. Pero aún más bonito y escalofriante me parece todo si tenemos en cuenta que no nos hemos visto nunca.

Increíble. Casi mágico. Sin cruzar una sola palabra, sin mirarnos, sin escucharnos, sin tocarnos. Sin conocernos, aunque yo sí te conozca a ti. Pero sin saber lo que estás pensando, lo que sientes, ni cómo estás ahora mismo. Sin saber a quién le estarás eternamente agradecido o a quién te gustaría regalarle un "te quiero". Ni siquiera estás cerca de mí pero, a pesar de todo, te llevo conmigo en cada decisión que tomo, en cada paso que doy. Y es extraño, pero así es. Y es algo triste, pero así sigue siendo.

Estoy atrapada en mis pensamientos, me agobia guardármelo todo para mí. Tal vez sea por eso por lo que estoy escribiendo. Porque lo necesito. Igual que a ti.

Ahora, si por alguna remota casualidad del destino estás leyendo esto, puede que pienses que estoy loca, que soy un poco tonta o que, sencillamente, estoy obsesionada. Pero no, no es así. Tan solo digo lo que pienso, digo, lo que siento. Soy muy feliz sabiendo que, inconscientemente, alguien como tú se convirtió un día en mi modelo de conducta. Y estoy infinitamente orgullosa de que así haya sido, porque nunca desde entonces he dejado de pensar que escogí a la persona correcta. Una persona que siempre ha sido fiel a sus ideas y que se ha mostrado tal y como es. De hecho, hubo un momento en el que incluso tu apariencia física dejó de importarme tanto como el resto de cosas buenas que llevas dentro. Nunca, aunque lo intentes, conseguirás hacerte una idea de todas las partes de ti que hay en mí. Te sorprenderías si lo supieras.

He disfrutado tantísimo de ti desde la distancia... Puede que no quisiera estropear nuestra peculiar "relación" comunicándome contigo o, simplemente, haciéndote saber que estaba ahí. Porque, en efecto, lo estaba. El verdadero apoyo se demuestra cuando eres capaz de darlo todo sin esperar nada a cambio, y yo lo llevé al extremo: ni siquiera tenías por qué saber quién era. Me he limitado a saber de ti sin que tú supieras de mí, como si una cadena invisible a tus ojos nos uniera: jamás te habrías dado cuenta de que yo iba caminando contigo, viéndote crecer a cada paso que dábamos juntos. He sido feliz solo con saber que tú también lo eras.

El problema es que no sé si quiero que eso cambie. Tal vez siga teniendo un poco de miedo. Miedo de desilusionarte, o de desilusionarme yo. Miedo de que nunca llegue a significar para ti ni la mitad de lo que tú has significado para mí durante todos estos años. Miedo de que no aprovechemos el momento, miedo de que un simple "gracias" se quede corto, miedo a haberte idealizado demasiado. Miedo de que leas esto y miedo de que no lo leas. Miedo de que yo en realidad no te importe, aunque no podamos evitarlo, y de que solo sonrías y me devuelvas ese "gracias" porque quieras ser educado, y no porque de verdad lo sientas. Miedo de ser considerada una de tantas. Porque no, no he sido la única persona que ha logrado darse cuenta de lo mucho que vales. No consigo entender por qué no hay más personas en el mundo como tú.

A pesar de todo, sé con certeza que el destino me dará, tarde o temprano, una oportunidad para mirarte directamente a los ojos, aunque no sea capaz de decirte nada. Mientras tanto, solo me queda desearte lo mejor.

Por eso y por más, porque siento que estoy en deuda contigo, necesito darte las gracias. Necesito decirte "te quiero". Nunca habrá otro mes más especial para mí. Ese mes que no entiende de colores.

Ah, y una última cosa. Seguro que alguna vez has tenido la sensación, al leer algo tuyo, de que para escribirlo ni siquiera tuvo que intervenir la mente, sino que era tu corazón el que pensaba en voz alta a través de tus manos, que se deslizaban sin ayuda sobre el papel, ansiosas, intentando ordenar y describir con palabras el inmenso remolino de sentimientos que circulaban por tu interior.

Justo eso estaba sintiendo ahora mismo.